¿Donde está el límite?

Lamentablemente, la violencia no es un fenómeno nuevo. Forma parte del comportamiento humano. En algunos casos, mayor, en otros menor. Con distintos matices, pero sigue siendo violencia. Para constatar esa violencia no hace falta mirar los informativos o leer alguna crónica en un diario. Basta con salir a la calle y enfrentarse casi “de sorpresa” con situaciones que uno nunca se puede esperar.

Hace unas semanas viví dos hechos bastante violentos en plena calle, a plena luz del día. Un hombre venía caminando y en un momento dado comenzó a agredirme sin mediar palabra. Nunca ví a esa persona en mi vida. Sin embargo, esto no fue lo peor. Ante esta agresión gratuita por parte de este tipo, 40 o 50 personas que rodeaban la esquina de Nicaragua y Avda. del Libertador presenciaban el hecho sin decir ni hacer nada. Entiendo que nadie se metió talvés por “miedo” o shock como fue mi caso. De todas formas, una vez consumado el hecho nadie vino a preguntarme si me sentía bien. Días antes de ese episodio también viví una situación similar, aunque sin agresiones.

Como decía al principio, la violencia es parte del comportamiento humano. Lo fué y lo será siempre. Pero lo más triste del asunto no radica ahí. Una parte de la sociedad está “naturalizando” casi inconscientemente esa violencia, mirando para otro lado como si no pasara nada; en otras palabras “haciendo la vista gorda”. Si mañana me vuelve a pasar un hecho de similares características soy yo el que va detenido ¿por qué? ¿con qué derecho puede venir una persona que no conozco a agredirme en un lugar donde hay  tipos parados mirando, policias caminando por la zona? Tengo derecho como cualquier ciudadano a salir tranquilo. No soy una persona agresiva ni nunca lo voy a hacer. Lo peor que podemos hacer es seguir haciendonos los giles cuando vemos este tipo de situaciones, aunque no nos pase a ninguno de nosotros directamente.

Yo como persona merezco estar seguro. No se puede seguir permitiendo este tipo de cosas. Acá ni en ningún lado. Todo lo que piensa “de a poquito” termina convirtiéndose en algo mayor sino hacemos algo. No se trata de salir armados ni escoltados. Se trata de tener sentido de la solidaridad.

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