Reflexiones sin concreciones

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Hace tres años y tres meses, el 1º de marzo de 2010, los uruguayos veíamos atentamente el discurso que ofrecía el entonces Presidente electo José Mujica ante la Asamblea General. Con su particular retórica expuso ante los presentes los principales lineamientos de su futuro gobierno, sin olvidarse de la herencia recibida. En el pasaje de su discurso inaugural y en medio de esa “luna de miel” con la que cuentan los gobernantes recientemente electos no solo aquí sino en el resto del mundo, enfatizó algunas ideas, las cuáles comparto, pero que deben profundizarse.

Entre los puntos más destacados de su discurso remarco y de manera fundamental la convivencia pacífica y la coexistencia a lo largo del tiempo de un sistema de partidos estable y dinámico. Esto encuentra sus orígenes en la construcción de esta nación, con hombres y mujeres que dieron todo de sí mismos sin esperar nada a cambio y que lucharon incansablemente por construir un país republicano, que respete a las minorías y fortalezca sus instituciones.Como señalo muy bien en su discurso, los ciudadanos “no les tienden cheques en blanco a ningún partido y auditan constantemente las gestiones gubernamentales”. En base a esta afirmación y lo digo como ciudadano debemos hacer nosotros un acto de memoria permanente y no selectiva. El Frente Amplio ya no es la “oposición eterna” o el ojo crítico de las gestiones “blanquicoloradas” como despectivamente suelen llamar algunos compatriotas.

El partido gobernante fue y sigue siendo un actor decisivo en la toma de decisiones y la aplicación de políticas públicas que nos afectan a todos. Un concepto que enfatizó el Presidente Mujica fue el de educación, pronunciándolo como “educación, educación y más educación”. Yo me pregunto ¿Qué se ha hecho en estos últimos ocho años al respecto? ¿Dónde están las bases del fortalecimiento de nuestro sistema educativo? Si en algo se caracterizó el Uruguay durante más de un siglo fue en tener una educación de calidad. Una educación que formó en buena medida a los que hoy ocupan cargos de gobierno. La educación no se soluciona solamente con el Plan Ceibal. Hoy se ha descuidado por ejemplo la figura del docente, que en muchos casos tiene que soportar el estrés que significa no solo educar, sino formar personas, ciudadanos. Muchos de esos docentes conviven a diario con chicos que provienen de hogares de contexto crítico, donde el lenguaje es la violencia física y verbal. La educación es un concepto clave y no debe banalizarse. De que ha servido aumentar el presupuesto en educación si todavía hay escuelas que no tienen los recursos necesarios para su sostenimiento. En este sentido, debemos crear las condiciones necesarias para revertir esta situación de crisis que vive la educación en nuestro país.
Entre otros aspectos, señalo que la burocracia tiene “vida propia”. Vaya si la tendrá. Basta con ir a realizar algún trámite a la Intendencia Municipal de Montevideo y allí seremos testigos de la burocracia a la cual se refería el Presidente. Esto no distingue identidades partidarias, sino que es un hecho y lo viven a diario todos los montevideanos. ¿Dónde quedó la “madre de todas las reformas” que proclamó el expresidente Vázquez? Otro aspecto que señalo Mujica fue el de construir la “Patria Grande” sin olvidarse entre medio del fortalecimiento de los lazos comerciales de la región priorizando la existencia del Mercosur. ¿Cómo podríamos, Señor Presidente, construir una “Patria Grande” si todavía tenemos enormes falencias como nación?

Hace varios años, el Uruguay vive un marcado proceso de concentración y extranjerización de la tierra. Hasta diciembre de 2011, dos millones y medio de las seis millones de hectáreas productivas de nuestro país se encontraban en manos de extranjeros. (www.todoelcampo.com.uy/extranjerizacióndelatierra)
¿Qué idea o proyecto se ha ejecutado al respecto? ¿Cómo podemos construir esa Patria Grande sino tenemos una nación grande, donde haya más seguridad, donde se fortalezcan los lazos de solidaridad entre todos los compatriotas? Más allá de las diferencias ideológicas, todos los uruguayos compartimos un único fin: el bienestar general.
Comparto sus ideas con respecto al Mercosur, pero en los hechos, se avanzó muy poco en ese sentido. Entre otros asuntos, señaló que el Uruguay debe pensar más allá de sus fronteras, comparándose con países como Nueva Zelanda o Australia. Durante el siglo XIX, se consideraba que Uruguay y Argentina eran comparables con Nueva Zelanda o Australia por sus bases productivas. Lo que marcó un desarrollo sustentable en las políticas de producción agropecuaria de los países de Oceanía fue la creación de una clase media de pequeños productores mediante una reforma rural. En cambio, los países del área platense a través de las clases urbanas conservadoras impidieron la redistribución de la tierra mediante el mantenimiento del monopolio de las mismas. Esa fue la gran diferencia que marcó el desarrollo de aquellas naciones con respecto a las del área platense. (Filgueira, Carlos; La formación de las “naciones nuevas y sus trayectorias divergentes”; pág. 13).

La seguridad pública, la educación, la vivienda o la salud deben ser consideradas prioritarias en una nación que desea progresar. Deben ser consideradas Políticas de Estado y no una serie de planes o proyectos a ejecutar en un quinquenio y que se desvanecen en el tiempo. A pesar del crecimiento económico que ha sido un hecho innegable en estos últimos diez años y que menciona el Sr. Presidente, hay un hecho que me parece más preocupante y que no se ha resuelto todavía: la deuda interna. Esa deuda con la gente, en las promesas incumplidas, en que las crisis siempre las terminan pagando la clase media y los más pobres. Por eso, pasemos de una vez del discurso a la acción. No confundamos democracia con demagogia. Y de esto último considero que ya estamos hartos.
Los programas solidarios a los cuáles usted se refería no deben ser dádivas como fue el Plan de emergencia sino que deben exigir una contraprestación por parte del Estado. Este mismo Estado debe dejar de ser verticalista o intervencionista si es que quiere promover el desarrollo y la equidad.
No debemos permitir que el Uruguay sea gobernado por un neopopulismo discursivo, como el que está llevando a cabo el actual gobierno. Nadie es más que nadie y nadie es imprescindible, ni en un gobierno ni en la vida.
Para sintetizar, me quedo con una frase de Peter Drucker: ”Si no existe un compromiso, sólo habrá promesas y esperanzas pero ningún plan concreto”.

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