Prácticas y ejercicios para vivir más años y explotar nuestro potencial.

 

A veces (muchas), el estrés que nos causa el trabajo, la rutina y la sociedad misma, no hace olvidar lo mas divino y certero de todas las verdades indiscutibles.

Una de ellas es la muerte. Si bien ya lo sabemos, pareciera que no. Hay que tenerlo presente. Debemos ser conscientes que tenemos los días contados, y al mismo tiempo, no sabemos cuantos en realidad nos quedan. Así seamos algunos jóvenes, solo resta pensar en que tan rápido se han ido de nuestras manos los últimos diez, quince o veinte años. Memento Mori.

Dicho ésto, lo que nos resta pensar es, ¿vale la pena vivir como lo hacemos?. No voy a citar más desgracias, de nuestra propia vida. Sino que trataré de guiarnos por una serie de prácticas y ejercicios que apuntan a nuestro bienestar y salud. ¿Como?. Algunas para oxigenar el cerebro. Otras, para obtener vitamina D de manera eficaz e indefensa simplemente a través del sol. Otras, ayudan a la reparación de nuestras células y tejidos. Y las restantes, simplemente nos dan conciencia, y mejoran nuestra calidad de vida, lo cual previene enfermedades y malestares.

 

El campo de batalla
El campo de batalla

 

– No te lo manda “Dios”

 

Mi padre, me ha enseñado muchas cosas en toda mi vida, y con mucha razón que ha tenido. Pero algunas, como muchos de nosotros, equivocadas. Tal vez, de las más graves, fue enseñarme que muchas enfermedades y condiciones, “te las manda Dios”. Este concepto es tan equivocado, como el de creer que tu vida ya está escrita y predestinada a un cierto final y camino. Creer que nos va bien o mal, o estamos sanos o enfermos por la voluntad de Dios, es quitarse la responsabilidad de uno mismo, para descansar en la religión. La ley de causa y efecto se aplica a todo lo que existe en este plano del universo. Para ser más concreto y no desviarme, diré que nos enfermamos, porque nos dejamos enfermar. Al menos, en la gran mayoría de los casos. Criticaré hasta el día que muera, aquellos “médicos” uruguayos, que usan la frase “ésto te lo envía Dios”. Son irresponsables, y demuestran así su poco conocimiento y capacidad para mejorar la calidad de vida de su paciente. Hay muchas maneras de prevenir ésas enfermedades “celestiales” de muchos médicos. Éstas son solo algunas.

 

– Aprender a respirar, alimentarse y marchar a tu ritmo.

 

Nos hemos convertido en robots. Seres con una programación, un horario, y un ritmo de vida basado en la necesidad de alguien más. La necesidad del jefe o patrón en que llegues en hora al trabajo, o que prepares un informe para días antes de la reunión. La obligación del horario que te impone la facultad o el liceo que elegiste para tomar sus clases. O simplemente el hecho de estar perfectamente saludable para tu familia, quienes te necesitan para alimentarse, vivir y hasta ser un poco más felices. ¿No sentís que todo el mundo quiere algo de vos, y vos tratas de no pedir algo de todo el mundo?. Parece que hasta Facebook te pide que lo abras, el celular que lo atiendas y el informativo, que lo mires. (A tener en cuenta, me acabo de estresar solo de escribir todo ésto).

Todo ésto, sumado a las necesidades de nuestros hechos particulares (mi madre enferma, mi amigo con problemas, el pasado que me atormenta y el tiempo que me pisa), hace que nuestra mente “muera”, nuestro corazón se acelere y con el tiempo, nuestro cuerpo se enferme. Debemos acostumbrarnos a regalarnos la vida, disfrutar del tiempo y administrar nuestras energías (esfuerzos, objetivos, placeres y diversiones) de manera sabia, fluida e inteligente. La respiración correcta cumple una función más que vital, en lo que tiene que ver con el estrés y la locura. Cuando respiramos hondo, y usamos la totalidad de nuestra capacidad toráxica para llenarla de oxígeno, nuestra sangre, corazón y cerebro obtienen el porcentaje necesario para un correcto funcionamiento. No te voy a recomendar que practiques meditación, si no dispones del tiempo o paciencia para hacerlo. Pero sí te diré, que cada mañana, la hagas tuya. No te despiertes por el hecho de ir a trabajar y cumplir un horario, ésto pasará a ser secundario. De ahora en adelante, debes entender que tu vida es tuya.

Despierta con un poco de tiempo extra, tal vez 30 minutos, para prepararte un buen desayuno. Es bueno cambiar el café por jugo de naranja (manzana, o licuado, depende de tu gusto) y algo de fibra, como una ensalada. Disfrutar del comienzo de un nuevo día tranquilo. Mucho mejor, si lo puedes hacer en soledad. Mientras desayunas, respira hondo y se consciente de la vida que tenes, y podes tener. Relax, “please” relax. Por vos y los que te rodean. Nuestro entorno no es el enemigo, sino nosotros mismos, por manejarlo de la peor manera y volvernos parte de él. Si bien ésta práctica parece muy sencilla, lo cierto es que hay que ejecutarla para sentir sus beneficios. Créeme que ahora, tu manera de resolver los sucesos en el resto de la jornada, será mucho menos conflictiva y auto-destructiva que como solías hacerla. Y recuerda, como en la mañana, a respirar hondo cada vez que sientas que necesitas “un respiro”.

Esa frase la conocemos todos, ¿verdad?. “Déjame tomar un respiro”. Bueno, ¡hay que hacerlo!. Tómate un respiro, y que el mundo siga si quiere. De cualquier manera no te quedarás atrás, solo si te estresas y haces las cosas de manera atropellada. Deja fluir todo.

 

Un amigo mío conquistando el cielo
Un amigo mío conquistando el cielo

 

Decidí dividir éste escrito en partes para no hacerlo tan extenso, y que así el mismo vaya acorde al mensaje que trata de difundir. Gracias por tu tiempo y darte una oportunidad a estar un poco mejor. Estar atento a la segunda parte, y ¡disfruta del día!

 

 

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